Padre Ramón González Parra, Un líder que inspira el desarrollo regional.

Monseñor Luis Augusto Campo Flórez

La persona y la obra del padre Ramón se fusionaron. Yo no lo conocí personalmente, quizá alguna vez de visita por San Gil hace muchos años, pasando por la curia seguramente lo crucé. Una ocasión en que pude estar en Bucaramanga, ya estando como Obispo de San Gil para visitarlo y visitar a Samuel y en ese momento le decía: “sus ojos y su sonrisa decían quién era él”. Sin haberlo conocido personalmente, como su vida y su obra están fusionadas, conocer su obra es conocer su vida, en alguna forma. 

Palabras que escuché durante el conversatorio: vida y obra fusionadas con coherencia, con poder transformador y resalto una fecunda unión y fusión de lo humano y de lo evangélico. Palabras claves que por aquí circularon: amistad, desarrollo, integral, justicia, injusticias, organización, educación con una finalidad, que las personas sean agentes de su propio desarrollo, alianzas, sinergia, cambio y Evangelio.

Lo social es lo humano. Es esa dimensión del nosotros, de la familia entera, de lo colectivo. Lo social es lo que tiene que ver con lo institucional – estructural; mundo complejo, economía política, convivencia, ecología; inspirador de todo el proyecto del padre Ramón en lo que yo he escuchado y en lo que conozco de él, la luz y la palabra del Vaticano II, lo social es la entera familia humana, es el conjunto de realidades entre las que vivimos, bella expresión del Vaticano II es el teatro de la historia humana con sus afanes, fracasos y victorias. En la visión cristiana el mundo para los que tenemos fe, creemos que ha sido fundado, creado y conservado por el amor creador del Señor pero creemos también que ha sido sometido a servidumbre por el poder egoista del ser humano, pero creemos que ha sido liberado por Jesús, el crucificado, resucitado para que siga un interminable camino de transformación. Y creo que ahí se inscribió la obra del padre Ramón.

Lo social no es homogéneo. Lo social no es armónico. Lo social no es con un solo matiz. Lo social es muy complejo. Con frecuencia la conciencia social está más unida a la conculcación de los derechos y por lo tanto tiene un carácter de reivindicación… Complejo y sin embargo, transformable. Pero transformable en distintos niveles y creo que cada quién podrá descubrir cúal es el nivel propio de incidencia en la transformación de algo tan complejo como es lo social que no es blanco y negro sino que tiene muchísimos matices. Y hasta donde yo capto la obra del padre Ramón –él mismo como visionario, tejedor-, fue capaz de crear una red inmensa de personas participantes donde cada cual fue capaz de descubrir cual era el nivel propio de incidencia para transformar lo transformable, sabiendo que estamos ante una realidad supremamente compleja: conflictiva, no homogénea, no armónica. Lo social es lo humano, está en lo humano. Pero lo social está en el Evangelio. Recurrentemente la palabra presenta tres acciones de Jesús: predicó, enseñó y curó. 

“Reino”, “bienaventurados”, “¡levántate y anda!”, “tuve hambre y me dieron de comer”, “vete y haz tú lo mismo”. Eso es el corazón de la palabra de Jesús. Jesús no anunció una ideología sino una Buena Nueva, Jesús fue un ‘no violento’ que puso las bases y las rutas de un proyecto de transformación de la sociedad por la no violencia.  Jesús puso en el centro a la persona humana para que no sea vista como víctima, ni como cosa explotable ni como un ser para excluir y para desechar. Las palabras que seguramente inspiraron muchísimas de las obras del padre Ramón que venían de esos vientos del Vaticano siguen escuchándose hoy: gozos y esperanzas, tristezas y angustias de la humanidad de nuestro tiempo. Padre Ramón con todas las personas que trabajaron quisieron leer su tiempo. Parece que todos pertenecemos al mismo tiempo; sí y no. El Vaticano II que inspiró seguramente muchas cosas del proyecto de Ramón, habló de pobreza y sufrimiento y dijo que todo eso no podía ser ajeno a los que queremos ser discípulos de Jesús, de ahí entonces, en ese diálogo que yo escucho en las palabras y en todos los testimonios de un hombre ecuménico, es decir dialogante con distintas voces, con un solo proyecto un proyecto de lo humano dignificado y lo humano con una convicción grande: nada dignifica más lo humano que el Evangelio; clarísimo. La opción es clara, por eso no es un ideológo, por eso no fue una ideología, nada dignifica más al ser humano que el Evangelio de Cristo y creo que eso está en el corazón de la obra del padre Ramón. 

Integralidad. Yo recojo un poco estas impresiones, recojo algo de este conversatorio, hacemos un acto de memoria,  respetuosamente lo digo que no puede ser nostalgia. Sino tiene que ser gratitud con una enorme responsabilidad de raíces que quedaron sembradas y que por lo tanto tienen que seguir siendo cuidadas para que sigan siendo fructíferas. 

Memoria que como toda memoria humana, tiene que ser con proyección; no puede ser para vivir anclados en el pasado sino para saber que a todos nos corresponde – algo creo yo, genial, que él fue capaz de hacer–,  leer su aquí y su ahora. Creo que fue lo que hizo con una enorme lucidez. Para eso se formó, para eso seguramante oró, para eso dialogó, para eso tuvo interlocutores, para tratar de entender de la manera más lúcida posible  ‘el aquí y el ahora’. A nosotros nos corresponde con semejante legado, con ese ejemplo, con todo lo que aquí se evidencia, es decir que lo que hizo quedó sembrado y que lo sembrado sigue dando frutos. Y a los que estamos hoy acá, no tuvimos el placer de conocerlo personalmente ni mucho menos de trabajar con él, para ser o, sus discípulos como muchos de ustedes lo han sido, o sus compañeros de trabajo y de lucha, pero los que estamos acá, creo yo que siguiendo ese legado que lo capto así, del padre Ramón, nos corresponde también leer ‘nuestro aquí y nuestro ahora’ de una sociedad supremamente cambiante, de una sociedad en un enorme cambio de época. Creo que fue la lucidez que él tuvo de leer ese momento pero de leerlo con criterios claros; hay muchas cosas que son vigentes, hay unas cosas que son urgentes, hay unas cosas que son desafiantes, hay unas cosas que son interpelantes. Yo creo que eso estuvo en el alma del padre Ramón y creo que eso fue lo que lo acompañó para situarse y pararse en el mundo.

Las primeras intervenciones de hoy hablaban de miradas y pies. La primera intervención, la tuya. En dónde tiene uno la mirada, en donde tiene uno los pies. Tú lo definías al comienzo mientras estaba vivo tenía los pies en el tierra y la mirada en el cielo. Y que ahora está al reves: que ahora tiene los pies en el cielo y la mirada en la tierra. Creo que a nosotros nos corresponde pies y miradas en el cielo y en la tierra, simultáneamente; porque somos caminantes acá, tenemos la mirada hacia allá, pero la mirada tiene que estar también en la tierra, por lo menos las personas que nos unimos en una común voluntad humana pero especialmente en la fe en Jesucristo el Señor que lo más exquisitamente humano es el nervio del Evangelio de Cristo y que la ruta de desarrollo más grande que puede haber fue lo que el  Señor Jesus hizo y creo que eso fue lo que movió al padre Ramón  para hacer lo que hizo, para vivir lo que hizo, sabiendo como decía yo al comienzo con mis palabras introductorias que en él se fusionaron vida y obra. Muchas gracias. 

Transcripción: Ivonne Pico Flórez.

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